Las nubes blancas y difuminadas en tonos grises pasaban rápidamente por el cielo como desfilando alegremente sin detenerse ni un momento, y apenas se fundían con el matíz azul del firmamento; la luz despedida por los tímidos rayos de sol se filtraban a través de los frondosos árboles abrazabando aquellas silenciosas calles. El viento comenzaba a soplar, agitando las ramas y los cabellos de la distraída joven, trenzándolos y cubriendo por momentos sus tranquilos y soñadores ojos; aquel viento le parecía tan agradable, como si llevara consigo tenues aromas y sonidos lejanos bastante familiares, estaba sola pero no se sentía como tal.
Unas cuantas hojas secas, volaron formando delicados círculos en el aire danzando unos segundos frente a ella para luego alejarse, causando en ella un efecto hipnotizante y creando al instante una extraña atmosfera, llena de profundas sensaciones que olían a tierra, a humedad y a melancolía; su vista comenzaba a nublarse y de pronto se sentía somnolienta.
Una repentina y melodiosa risa le hizo regresar en sí, detuvo su paso un momento y miró hacia su costado derecho: ahí en la escarpa, una pequeña niña, corría tan solo acompañada de su inocente risa, y extendía los brazos hacia los costados contra el viento; al acercarse a ella se detuvo en seco tambaleándose ligeramente, pero sin dejar de sonreír dirigió la mirada lentamente hacia Erica.
-¡Así es, como los pájaros sienten al volar! ¡Contra el viento, siempre contra el viento!...-La pequeña sostuvo varios segundos su brillante y profunda mirada directo a los ojos de la chica.
-¿Eh…? –Erica estaba algo confundida; no sabía quién era, y sin embargo, entendía perfectamente lo que le decía y porque lo decía; un escalofrió le recorrió la columna al conectar su mirada con la de la pequeña, quien ahora volteaba hacia el frente comenzando a correr nuevamente, detrás de varias hojas secas que volaban, con intención de atraparlas.
-¡No me perderé nunca! –La pequeña gritaba al viento sin detenerse y pronto se desvaneció por completo entre un remolino de hojas secas que se levantaron violentamente cual tormenta, girando en el viento por un par de segundos para después caer lenta y tranquilamente, simulando así una nevada dorada; y no había nieve, pero el frío era el mismo por dentro y los ecos del pasado rebotaban en su interior estremeciendo todo su ser.
Perdió la noción del tiempo y del lugar, pensamientos morían y otros se preparaban para nacer, en lo más recóndito de su alma, o al menos así es como sentía, nadie podría entender mejor que ella misma, y no estaba segura de lo que pasaría ahora pero nunca lo había estado en realidad.
En aquel instante sólo una cosa podía asegurar: el otoño había iniciado.
Es extraño como situaciones, lugares, pensamientos, sensaciones de menos de 3 minutos te pueden hacer tomar una desición, a veces lo que te rodea te envia señales, mensajes acerca de lo que estas por cambiar, descubrir o experimentar.
Este escrito esta basado en una experiencia personal que tuve, cuando me dirigia a la casa de una maestra que impartía cierta corriente religiosa/filosófica, para ella y para sus alumnos era un estilo de vida, un amigo me había influenciado para que asistiera, para conocer a la mujer, y aunque nunca lo dije, tenía miedo de que me manipulara, que desmoronara mis convicciones o la forma que tenía de ver el mundo. Siempre me aferré a mi inocencia, siempre me considere una niña y nunca quise que eso cambiara.
Total, antes de llegar con ella, experimenté un trance extraño en el que me asegure a mi misma que nadie influiría sobre mi pensamiento y mi forma de ver al mundo sin mi consentimiento o deseo.
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Es extraño como situaciones, lugares, pensamientos, sensaciones de menos de 3 minutos te pueden hacer tomar una desición, a veces lo que te rodea te envia señales, mensajes acerca de lo que estas por cambiar, descubrir o experimentar.
Este escrito esta basado en una experiencia personal que tuve, cuando me dirigia a la casa de una maestra que impartía cierta corriente religiosa/filosófica, para ella y para sus alumnos era un estilo de vida, un amigo me había influenciado para que asistiera, para conocer a la mujer, y aunque nunca lo dije, tenía miedo de que me manipulara, que desmoronara mis convicciones o la forma que tenía de ver el mundo. Siempre me aferré a mi inocencia, siempre me considere una niña y nunca quise que eso cambiara.
Total, antes de llegar con ella, experimenté un trance extraño en el que me asegure a mi misma que nadie influiría sobre mi pensamiento y mi forma de ver al mundo sin mi consentimiento o deseo.